LA METÁFORA DE UN SABIO
Tener la dicha de un
sabio era mi deseo,
Por eso decidí
aprender,
Aunque si sabía que
estaba lejos,
Tan lejos,
allá en el oculto
corazón de las nubes,
Quieto, y tan
callado,
escondido y mirándome de reojo.
Por eso decidí acercarme
y preguntar su nombre,
que, silenciosamente, se
aludía al infinito,
Haciendo a mis pies, un
flojo caminante.
Como la mariposa
aludiendo,
se iba sin parar,
Es que el docto,
Que, como un ocioso
triste,
Necesitaba un abrazo de
oso.
Entonces a patitas
llamé,
¡Saber!, ¡saber! “Sabeeeeeeeeer”.
¡Qué excelente amigo!
volviendo la cabeza a
mí,
se contuvo, y me respondió:
“heme aquí, amigo mío,
Llévame y nunca tires
esta prenda misteriosa,
Reten, y vive con ella,
Átala a tu cuello y lucha
por protegerla,
Que estaré siempre
contigo,
Sentado en la sima de
tu mente”.
Desde aquel momento
fortuito,
Aprendí a moldearme,
A descansar sobre las
páginas del libro,
Y llevar en las hojas
de mi escondido árbol.
Caminar con
comunicación,
sentarme con
matemática,
pasearme con CTA,
recrearme con historia,
amistarme con Ingles,
casarme con la biblia
y aprender a ser
un perfecto caminante y
a mis pies nunca retorcer.
BENDITO SUEÑO
Tú que
dejas amanecer la noche,
Dejas a mis
pies andar muy felices,
Juntos
conmigo te luces,
A veces en
un paraíso,
Otras
veces, en un pasadizo amargo,
Vives
recreando mi pobre alma mía,
Porque paz,
para mis ojos, eres una inmensa pasión,
Cubierto
con lelos candelabros,
En plena
luna llena y una desconocida estación.
Llegamos a
casa, es cierto;
Vivimos
amando, es una realidad;
Nos
encontramos en familia,
Otras veces
con espesa "bagasa";
Nos
alegramos juntos, jugamos,
A veces
sufrimos en odio,
Lloramos, y
todo un encuentro de clásicos.
Mas el amanecer,
Con la
sombra noche en su palma tardía,
Llega
caminando lentamente con su aurora,
Y
anunciando otra vida,
Que aquella
pura pasión,
Nunca volverá.













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