miércoles, 30 de enero de 2019

Epístola a Lucesita


Imagenes secretos - Víctor Atanacio Félix
I
Te escribiré a tinta fría oh alma gemela,
Que naciste en mi corazón cantando tu celosía,
Que al mirarme tan pronto, de hecho, te reías,
 Corrías a abrazarme y verme sin envidia,
Con tu corazón latiendo y diciendo recordarme cada día,
Y a mi ser alpinista, llenar tu manía.

Enamorándome con tu nombre blanco, a mi corazón consumías,
Hermoseando mi alma, te reías,
En mi “metalmente” pluma, tu faz desnuda revivías,
Como lluvia fresca en nuestro primer día,
Tan llorona y de leche y miel, llena.

¡Que recuerdo!
Inspirada siempre y sin cobardía venias,
Imágenes secretos de Víctor Atanacio félixMostrándome tu linda manía,
Saludándome de lejos me decías,
Chino…hasta otro día,
Con redondos de amor y tanta valentía.

Oh alma gemela, heme aquí tu tesoro escondido,
Ven renueva mi vaso vacío,
Que a tu lado soy tan hombre de trapo,
Abraza mi corazón callado,
Y permanezca siempre en mi pecho tardío.

Tierna palomita…toma mis alas,
Y vuela conmigo hasta la ventana,
Seamos unos versos andantes,
Con pasos “rimantes” y brazos del más allá,
“Sumbalando” con frescos alisios y contemplando ricos prados,
Al compás del multicolor sol naciente.

¡Oh que recuerdo dormido!
Tomaste mis pasos al borde de tu eternidad,
Como el chillido de un niño por su deidad,
Tan ansiosa volviste a mí, diciendo consigo,
¡Ese chino!
Llena de mística y puro amor.

II
¡Angelita mía!
¿Dónde andas sin ver tu “cincelada” alma gemela?
¿Acaso no dueles tu andarme que herido gime y mirando arriba llora por la saeta de tu viejo calzado?

Oh sangre mía,
Toma tu mano, y mira el aire perezoso paseándose al borde de tu vaso vacío,
Reconozca tu propio anillo, y cárgame en tu barbilindo cancionero,
Que anda por doquier, tomado en la mano su sin querer,
Con su verso andante enamorada y callada de puro amor.

¿Acaso ignoras tus pies al calzado de tu corazón gemelo?
¿O puedes a tu pluma escribiente congelar en el libro de tu vientre?

¡Oh paz dormida!
Mira tus labios, que de ti quieren reposar el néctar de tu tierno alelí.

Abrazándole busca tu consuelo,
Porque paz…tu eterno compañero es,
Es tu corazón que se duele mucho al morir,
Que ríe mucho al ver su dulce respiro, flamear,
Y llora mucho al rosar su beso vacío en el amanecer.

¡Oh alma gemela!
Tú que llevas mi prenda colgada, como en la cabeza tu almohada,
Sabes mi aliento sufrir, mi pañuelo mojado inquirir,
Porque mi respiro dormido llevas en ti,
Escondida en tus alas frescas como el colibrí.

¡Oh alma gemela!
Yo con tu mano escribo, y tú con mis pies vienes,
Traes mi propia memoria,
 En el libro de tu vientre tienes escondida,
Con redondos de amor,
Con tu pláceme santa, franca y sin trecho,
Reparas nuestro sin igual nombre callado,
Que por siempre y siempre, flameando,
Seremos uno.

Angelita mía,
¡Donde andas dejando tus ojos sin mirar?
Recuérdate de tu sentarme y andarme,
Que siempre debes mirarme, para nunca olvidarte.

III
Lucesita dormilona…
¿Qué sabes de tu sentir, que guarda en ella solo mi parecer?
¿Acaso ajeno es, lo que soy yo en ti?

Ignoras mi muladar, porque no eres tú cuando estás ausente,
Solo escondes mi rostro engañándote,
Pues debes venir, y reclinar tu nombre capital,
En la memoria de mi resentido calcañar;
Y saber que solo tú eres yo,
Fabricado en tu calcado corazón.

Pues ignoras tu garza exigua y volteas la moneda,
Adivinas la suerte y mueves la cuerda resistente,
Porque vives letal y opaco,
En tanto… sin mis ondas de puro hombre, alumbrar no puedes.

Pues sabes de ti, que soy el canal que regresa el agua a beber,
Porque vivo estoy en tu ataviado andarme,
Que, sin mi sopor trivial, no puedes tu alma refrescar.

Dejas mi bandera flamear,
Porque entonces tu misma eres, original en mi página dormida,
Que te dedicas, mi árbol regado, adornar,
Haciendo panales de miel y dejando tus avecillas volar,
Sabiendo que yo soy, causa y efecto de tu perfecto ser.

Entonces, ¿Por qué no puedes levantar tus alas por tu néctar?
¿Acaso soy ajeno nuevamente en ti?
Mírate, que tu odio no es mío,
deja de ser, y en mi, tu no existir,
para ser nuevamente de voz aparente,
y caminar con tu espíritu y tú con mi alma.

Lucesita…
¿Cómo debías tener mi género, mi respiro, mi caminar y mi ser, en tal corazón exigua?
Déjale siquiera un momento mi aliento ausentar,
No sufras pasión valiente,
Te tengo, porque entonces estas bien,
No niegues el aire a refrescar,
Es mi soplo de vida que te ventila y mi palpitar que te anima,
Sosténgalo y acompáñame reposándote,
Porque entonces, oh Lucesita de mi alma,
ser tu vivir y revivir en todo tu postrer.

Lucesita, pues lo que soy en ti,
Que viva como el carmesí.
Imágenes secretos - Víctor Atanacio Félix

BARRO PARTIDO


¡Oh mundo de vida!
Vuelve y recuéstate con tu polvo gemelo,
Ansía y recuérdate, que fui tu tierra también.

Devuelve mi otra mitad, que tal vez es lodo ahora,
Reclina tus cejas quemantes,
Y sécale por caridad,
Porque tal vez,
Levantándose con sus huracancitos, vuelva a pasar su beta morado,
O en el manto de su alisios cielo,
Baje ataviada por fin.

Porque, estirarme no puedo oh gigante,
Ni jurar el rescate de mi pedregosa,
Solo soy un tipo grabado en esta roca,
Que recuesta su cabeza en su faz resistente,
Que anhela su tierno parecer,
Y no de su cuerpo letal carecer.

Izquierda nomas soy ahora,
Que ni ver ni caminar puedo sin tu muladar,
Devuélveme tu barro prestado,
Aquí en mi corazón retardado,
Que desea recobrar su vena cortado,
Refrescar su mente hogareña,
Y ser un perfecto hijo trigueño.

¡Oh redondo gigante!
Aunque sea de amante,
Recuerda y recobra tu imagen fulminante,
Camina con tus pies, que deseo yo también tener,
Que solo soy el polvillo de tu respiro,
Que piensa horadar su herencia,
Volver a vivir con demencia,
Y en su inmensa Edén,
Lucir el semblante como el perfecto “men”.

¡Oh mundo de vida!
Revívanse tus manjares llagados,
Para que, doliéndose de su tierra oriunda,
Vuelvan su fertilizante, mirando,
Para que, llenando sus azulejos verdes,
Alégrense de mí, tus parpados,
Y tus mantos letales,
Sean primaveras para el abrigador otoño,
Y más que nadie, de puro caballero,
Y siempre de pie,
Refresquen a esta partícula recargado.

Recuerda pasión creadora,
Vuélvete a cejadas, que aquí a manito estoy,
Toma mi recodo y duélete,
Que mis algas dolientes se salpican;
Lleva mi cascaron a completar,
Y vuélvanse la dicha a encaminar,
Que yo también soy…
Y tú, la que giras revuelta, buscándome.

¡Oh mundo de vida!
Lo que eres nomas, soy de barro,
Y alfarero tú de mí,
Pues anímate ya, y vívele a esta senda seco,
Mi bicolor canela, vuélvele,
Que en rincones blandos rendido está.

Resígnate por mi pedregosa,
Que tiritando su alma renquea,
Lluévanse y arrástrenle a mí,
Como una tierna alelí,
Quédense en mi semblante cuculí,
Entonces tu redondo parecer,
Deje por siempre tu fenómeno padecer.

¡Oh mundo de vida!
¿Cuántas veces serás tierra y a tu imagen polvorienta, en pastizales de otro cerro, dejaras?
Mas con tu pláceme puñado y perlas hediondez,
El asilo de cinto duro,
Ansioso agita su tez,
Hiriéndole, doliéndole y sangrándole a este pobre barro partido.


Por Victor Atanacio Félix

Imágenes secretos de Victor Atanacio Felix

Clase híbrida con los estudiantes de SAM de Shulluyaco V@F carpoccionista