ROMANCES A MI ANGELITO
¡Eres
él mismo pequeño!
Del
polvo y de arriba;
Ni la manilla,
Eres
siempre mi yo, y mi semblante, en tí.
Muchos,
solo son un encanto,
Muchos
un segundo parecido,
¡Pero
qué tal coincidencia!
Habías
hecho de mí,
Una
imagen,
Un
espejo eterno y un niño yo.
Tienes
cada vez más, habanos en mi alma;
Dejas
mil responsos, dos mil recuerdos,
Caminas
con mis pies,
Y,
Angelito de mi alma, lates en mi corazón otra vez.
Angelito
de pelos poco recios,
De
un cielo forastero
De
una urbe apasionada.
¿Cuántas
veces te paseas sin salir?
¿Cuántas
veces vas y vienes sin entrar?
Ve
allá al monasterio suyo,
Donde
los cielos aprecian,
Donde
los volátiles rezan,
Donde
los aguíjales vigilan,
Donde
los miradores eternos acompañan el sueño,
Donde
las peinetas de los vientos bailan a colores.
¡Que
más!
Y Donde los amigos son mejores barros.
No te desengañes, eres tú, mi yo,
No
te quedes enano mío…
¡No
dudes!
¿Bocines?, ¿verdugos? ¡déjala!
Suba
la vasta al hombro, y sígueme,
Para
crecer a patitas,
Y tú
y yo, ser buenos amiguitos.
MIS VERSOS ANDANTES
Mis hijos
son mis versos andantes,
Que dibujamos
de amantes,
Como
jugando poner los guantes,
Practicamos
mucho más antes,
En el
paraje de nuestros inquietantes brazos.
Pues sí,
Ellos son
mis versos andantes,
Que escribí
en el libro de tu vientre,
Que hoy
caminan galantes,
Como en los
ojos, los lentes,
Recostando
sus plumas dormidas,
En las páginas de unos
corazones enamorados.

ROMANCES DEL RECUERDO
Más allá de mi aura,
apurado y escondido,
Volando al fin llego el
lienzo de tu mirada,
Con imágenes en el
espacio puro y excelso,
Cubierto me pongo en tu
lado mirándote.
En el silencio viajero
de vastos recuerdos,
Giran pasiones, en
rollos de esponja,
Prisas al verme,
rastreo mil rasos,
Al huerto Edén y en
lona de tu franja.
Brillando tus místicas
vienen a cubrirme,
Llenando, por atraer
las brisas de tu ceno,
Bordeándome con rayos
de tu ósculo sublime,
Y en el atardecer,
solo recuerdos y
últimos versos transparentes.








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