domingo, 12 de julio de 2020

CUENTOS PENALIZADOS



EPIFANIO EL MEJOR

IPI, cuyo apelativo le pusieron cuando descansaba en su abrigadora y andamiada camita hechizo.

Epifanio, era un hombre enjuto, medio alambrado y botarate que, sacando el pecho y mostrando una sonrisa satírica, como el gallo perdedor que canta con un rostro desdichado, decía: - yo soy el mejor… por eso vivo, ando, como, como me lo merezco, como lo que soy nada mas…porque para eso, desde niño, trabajé-. Optimista, ganador pero ofensivo indirecto, por eso, los “botapies” hombres del penal, mostrando sus rara-veces miradas y con expresiones burlescas, dijeronle, IPI EL MEJOR. Todos los días la daban su merecido peñiscones gratis, las engalanaban con las mejores burlas, abrumadores panfletos, y hasta, repentinas bromas humillantes; ¿por qué? Es que, este, era un palero provocador, un callejero motivador, un verdadero mete juego, que cuando se hallaba descubierto sus mentiras, les hacían lo que les daban las irrisibles ganas, sin importarle que sus delgados huesos se romperían o les segarían más sus escasas vistas. 

Mira. La grandeza del mundo, los mejores augurios, el heroísmo, las hazañas de los personajes notables de hoy, estarían bajo sus pies e IPI sería el líder y ejecutor de estos hechos importantes y por eso estaría preso, por defender los derechos del pueblo, por liberar los cautivos y liderar el cambio de una verdadera justicia. Sus pláticas y gestos tinterillo, sus mímicas colorín, como un alguacil bonachón encarnado por su falso orgullo o como un hacendado despeinado que comanda en voz alta empapado de un "cañazo" crudo, con sus monólogos de tipo botarate y burlador con características de un perfecto Quijote, les hacía creer y asustar a los desconocidos. Ilustre demente intimidador que después recibía su chiquito merecido.

Se vestía como un niño descuidado, tan andrajoso urbano. Cabellos contra peinados, camisas con cuellos desorejados, los pechos desbotonados, cintura desalineado, pantalón holgado y braguetas entreabiertas y las puntas con doblada de "pitucos"; los medias volteados y zapatillas, a veces, mal lavadas y todo un artista embromado, así de feo, tenía todo un aspecto de patrón, con sus dichas de un perfecto matrón, pasos chuecas elegantizados, movimientos ingeniero masacrados. Pero en el trabajo, para no exagerar, todos sus cofres asustaban de mentira, causaban indignación, generaban murmullos despectivos; el mas pipiolo reprochaba su fechoría. Era tan, tan, que no coincidía con sus palabras.

Cuando, de pronto, le llamaban a la audiencia, temblaba como una criatura asustado. Frente a los jueces era como los espantapájaros en medio de un rastrojo de otoño que a los jilgueros de buen color puede huir, pero a los pajarracos andantes, solo enaltecer su ego y ponerse de "cachoso" con sus pies patón. Era tan, tan y tan que no les entendían por qué era así. Pero, sin embargo, los que andaban con sus corazoncitos, de verdad, les causaba mucha y muchísima pena, hasta lágrimas por su aspecto indefenso.

Después de su tan agitada  audiencia, regresaba a su hogar de tipo chiquero e ingresando e irguiendo la cabeza decía: -Ya llegué, después de comérmela zapato y todo a mis hijos que están trabajando en mi sala de audiencia- Unos miraban indignados, otros riendo, los más amargados, con cólera, les daban unos manotazos y les hacían pasar una buena perrada. ¡Qué ocurrencia! Y ni con eso se corregía, más se ensañaba y se hacía más vanaglorioso. Parecía que no les dolía los maltratos verbales y físicos. A vista y paciencia de todos se levantaba y tocándose el pecho decía: -soy el mejor, a mí me tienen que respetar, soy sus dioses a mí me tienen que suplicar, no tengo miedo a nadie porque mis poderes son grandes. Eso no es todo; soy el jefe de grandes empresarios por eso como, como me lo merezco, la plata lo utilizo hasta para limpiarme. ¡Ah!… las mujeres me dicen que soy el mas hermoso del universo, si pues, a sí es; el hombre es hermoso cuando tiene plata- ¡Pero que farolero! Estaba por ayudar que, si fuera trigo por seleccionar les tocaba un costal de granos rancheados para preparar chicha de jora y terminar en el refresco de los peones. Todas sus pláticas terminaban en burla y vanidad. Por sus palabras, les masacraban, por sus palabras, arrastrándole, con su cuerpo, trapeaban el piso. Para contarles mejor les invito a imaginar en una escena cantinflada llena de burlas “burracadas” o juegos maleantes que simplemente les causaría risa mezclada de indignación.

Epifanio, un tipo chistoso, con actuaciones tontos, que aún de palero, se notaba su autoestima creciente, pues no era cómico pero risible sus monadas, tremendo retador, pero como a un niño que juega las canicas y pierde, los chantaban todos para sus bolsillos. Un bruto soliloquio que se loqueaba con sus propios dichos, apocorizando así, su nombre, IPI EL MEJOR.

No es “el mejor” el que quiere parecer y a dejar los pies torcer innecesariamente, sino el que arregla su nuez y es siendo y haciendo.

Imágenes secretos de Victor Atanacio Felix

Clase híbrida con los estudiantes de SAM de Shulluyaco V@F carpoccionista